SEGURIDAD A BORDO
MANUAL DE SEGURIDAD

 
 

La librería a bordo: reciclarse

Los libros de mar, sean del género que se prefiera, permiten mantener el contacto con la mar las temporadas que no se navega, y son una perfecta fuente de información para aprender de la experiencia ajena. Los libros de relatos y viajes, además de ser un perfecto entretenimiento, resultan una buena manera de reciclar muchos conocimientos. A menudo relatan situaciones difíciles y vivencias que nos recuerdan las pasadas por cada uno.

Los libros técnicos resultan imprescindibles, siempre se saca alguna conclusión para luego llevar a la práctica, que es el bagaje del marino. Existen autores más didácticos que otros, pero en general casi todos consiguen explicar lo que pretenden. La técnica de la navegación también existe en manuales, en los propios de capacitación para los títulos náuticos. Sin embargo, aunque la titulación es imprescindible, la práctica se queda corta. Las prácticas que hoy se imparten, de forma obligatoria para la obtención de títulos náuticos de recreo, son fundamentalmente de seguridad.

Es por ello, que además de nuestra experiencia, las millas navegadas, y de nuestro título, la lectura de diversos libros se hace imprescindible. Cada patrón es un mundo, y cada navegante sabe de qué conocimientos escasea. Se deben saber tantas y tantas cosas que sólo los años y la experiencia acaban forjando al auténtico marino. Aún así, el marino debe reciclarse porque el barco es un mundo que cambia continuamente. La mar permanece, sigue siendo la misma de siempre, ahora quizá más peligrosa por muchas razones, pero no hay que olvidar que en la relación con la mar siempre han quedado asignaturas pendientes, problemas que no se han podido solucionar y vidas que han quedado atrás, en el furor de la tormenta.

Cuando eres navegante, la lectura de un buen libro es un placer y siempre extraes alguna conclusión en cualquier relato. Se aprende de la historia, de la novela, de los manuales, de las revistas, de los libros de viajes, de cualquier información a la que se tiene acceso. Precisamente, el marino se diferencia de los demás en su espíritu por saber más, por adelantarse a los acontecimientos y por obtener información para llegar a su próximo destino.

Todos los navegantes tenemos a bordo una biblioteca formada por libros obligatorios, otros imprescindibles y otros que nos han gustado. Como libros imprescindibles a bordo deben estar el Derrotero, el Libro de Faros y Señales Marítimas y el anuario de mareas.

Ahora no se navega como hace años, los materiales han cambiado, los barcos se construyen de otra forma, la técnica de navegación no deja de variar y las nuevas tecnologías introducen en nuestro barco elementos que deben asimilarse desde un GPS a un ordenador portátil.

Reciclarse es fundamental y más aún cuando la navegación no es la profesión del navegante de recreo. Se puede estar navegando multitud de veces por una zona concreta, y tras un tiempo ausente, desconocer un peligro para la navegación por tener la carta anticuada o por no haber escuchado un mensaje dirigido a todos los navegantes.

Muchas veces entramos en zonas donde jamas hemos estado, las descubrimos, la lectura de libros y guías sobre esas zonas nos dan una información fundamental que se traduce en nuestro propio beneficio, al crear una memoria de futuro. Sabremos donde se puede fondear con seguridad, donde podemos reparar e incluso donde alquilar un coche. Otros han estado antes, lo han relatado y esa fuente de información es muy importante.

Toda lectura debe ser crítica, y el marino deberá filtrar los datos que de ella se desprenden. Nada se debe creer a ojos cerrados sin aplicar el filtro del sentido común y de los conocimientos propios. Un navegante puede relatar que existe un fondeadero maravilloso en determinado lugar de Córcega, pero el patrón deberá constatar, comprobar y saber la protección de ese fondeadero a los vientos, y además los posibles peligros bajo el agua, las profundidades y la composición de su fondo. Los libros y revistan ayudan pero no son un catecismo que haya que creer sin más. Un error puede ser fatal, por lo que la experiencia y el sentido común deben complementar cualquier información.

 
 

 

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